21.7.06

"Balada de los Amantes del Camino de Tavernay" en La Estación



Anoche fui al Estación 1800 con mi amiga personal Viqui Montaño -que no salía hace como tres meses, desde que nació su segunda hija, cuyo nombre en aymara no recuerdo. La grande, de nombre quechua Sut'yam, ya tiene nueve años-. Primera vez que encuentro una mesa vacía en ese local. Qué manera... Y qué manera de salir la gente en esta ciudad. En fin, esa una de las cosas buenas que tiene.
El punto es que se presentó un grupo que hacía los típicos temas de rock shileno de los 90s y otros romanticones. Poco a poco se fueron envalando y de pronto tocaron una versión medio rockera de la "Balada de los Amantes del Camino de Tavernay", tremenda canción del tremendo Pato Manns. Les salió como el uracho, pero la gente, que extrañanamente me pareció escuchaba la letra, los aplaudió más que la cresta después de esa canción y no antes...
No sé si será una versión propia o de otro grupo onda Los Bunkers y tampoco sé si sería por eso o por efecto del segundo Martini-vodka-agitado-no-revuelto que tomamos Pierce Brosnan y yo, pero me emocioné y quería compartirlo con ustedes, comunistas de mierda.

01 de mayo de 2006

1 Comments:

Blogger Enrique said...

Para los que nose acuerdan de la letra vos ahi les va, estoy de acuerdo con Marcelo es un muy bonito tema de hecho es una de mis preferidos.

El cuarto adonde habita mi ruiseñora
se nutre con el ruido de mi demora,
los cantos de la calle se están plegando
y el mórbido reloj mira blasfemando.

Después la lluvia encumbra sus volantines
y moja alguna estrella que agoniza entre violines
y agolpa sus rebenques desmelenados
al anca de mi potro que no ha piafado.

De noche todo es claro si en su cortina
ondula una cadera que se adivina,
sacude su pañuelo la amante raza
y enciende las señales por donde pasa
mi atávico desvelo buscando casa.

La cama adonde espera mi buenamoza
es tibia como un vientre y es luminosa,
viniendo de la lluvia y forzando puertas
aprecio que su gana ya esté despierta.

La cama adonde escurro mis homenajes
es donde desterramos la barrera de los trajes,
es donde de algún modo su resolana
se adueña de mi lengua tan soberana.

Allí nos respiramos de diestra suerte,
allí nos cobijamos por si la muerte,
allí yo le regalo mis estertores
y allí ella me devora con mil amores
cogiendo de mi sangre las frescas flores.

La cama donde anida su pulpa suave
es esa donde yergue su cuello mi ave
y aquella adonde estira su claro modo
amándome de cerca y mordiendo todo.

Su cama multiplica mi envergadura
que es llave con la que abro su opulenta sabrosura,
que es fuego con el que echo su frío afuera
y avivo su gemido cuando lo quiera.

Viniendo de tan lejos estoy tan hondo,
tan cerca de su dentro y tan al fondo,
tan ávido y completo tan estrujado,
tan posesivo y pleno tan aplicado
que cuando el nuevo día se asoma me alza
desangrado.

4:31 p. m.  

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